Hay que mejorar la calidad de vida
editorial

Crear, edificar y vivir bien calzan perfectamente en una visión donde esté completamente erradicado el déficit habitacional, donde además de una oferta real de  vivienda nueva haya productos que permitan el mejoramiento de las unidades existentes, que actualmente en sus precarias condiciones cobijan a miles de familias peruanas.

Sin embargo, aún no tenemos una oferta variada que además de inmuebles tipo Mivivienda ofrezcan casas a un precio más accesible en urbanizaciones con toda clase de servicios básicos. Hoy son los privados los que construyen, los que buscan terrenos en los distritos más demandados y que no siempre son los más baratos. Y en ese contexto, siempre querrán redituar su inversión porque de eso se trata su negocio.

Lo otro, la vivienda social es tarea del Ejecutivo. El sector público, su inversión, su trabajo debería ir más allá de licitar terrenos estatales y condicionar que cierto porcentaje sea dirigido a casas tipo Techo Propio. Sino puede construir, entonces que fomente nuevas condiciones que atraigan al privado para que este tipo de edificación sea una constante. En otras ciudades del mundo, los incentivos tributarios, las ganancias en alturas, la exoneración de trámites municipales en pro de urbanizaciones sostenibles y ecológicas son políticas que aportan a la vivienda social, la que siempre se traduce en mejor calidad de vida.

Pero, en tanto, qué hacer con lo que tenemos. En el Perú abundan las viviendas en situación precaria. Miles de familias viven hacinadas en una casa compartida o en edificios inseguros físicamente. Estas familias, potenciales demandantes, no tienen muchas oportunidades crediticias. Ahí, también deberían crear productos al alcance de sus posibilidades.

Programas tipo Techo Propio son una alternativa que alivia un tanto la necesidad de vivienda social. Sin embargo, ante el incremento del precio de inmuebles por ene cantidad de causas, su fin se ha desvirtuado. La compra de casa nueva, bajo esta modalidad, es mínima. Sin embargo, sí permite, en una de sus modalidades, el mejoramiento de hogares. Aunque también encontramos algunos peros. Ya que aquellas casas que requieren mejoramiento, ampliaciones, reforzamiento, entre otros; muchas veces no poseen saneamiento físico legal, están asentadas en zonas que han crecido por invasiones o son solares declarados monumentos patrimoniales, a los que no se les puede tocar ni la pintura, porque se estaría trasgrediendo la ley.

El problema habitacional en el país es grande y por eso requiere grandes soluciones con diversas variantes. Una respuesta al alto costo del inmueble y de terrenos, cada vez más escasos dentro de la ciudad, fue salir hacia las periferias a buscar tierras para construir. Los inversionistas han encontrado nichos en algunos distritos, que están explotando de la mejor manera. No obstante, ha sido una alternativa que se ha topado con una serie de inconvenientes, que para variar dependen de soluciones del Ejecutivo.

A pesar de ubicar terrenos cercanos a la zona urbana, muchos no cuentan con redes de servicios básicos como para generar urbanizaciones nuevas con los requerimientos que un conjunto habitacional requiere. Otros no están enmarcados dentro de una zonificación residencial ya que antes tenían usos industriales o agrícolas, que ya no se fomentaban ahí debido a que se han trasladado a zonas más acordes con sus perspectivas.

Esa falta de de servicios, de saneamiento físico legal y las restricciones de intervenir ciertos edificios encarecen el acceso a tener una vivienda nueva decente o una casa ampliada, mejorada, rehabilitada o reforzada.

Entonces el crecimiento habitacional ya no solo depende de quien tiene que construir, sino de quien tiene que dar las condiciones para hacerlo. El Estado juega un papel preponderante. Es el que debe facilitar el acceso a una mejor calidad de vida. No solo se trata de construir y de sumar más viviendas para ciertos sectores, sino de satisfacer la demanda real de quienes más lo necesitan.