Editorial:
Expectativa
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En las últimas semanas se han barajado medidas que incentivarán al sector construcción. No es para menos si revisamos las cifras. En el 2014, el sector construcción habría crecido menos del 2%. A marzo del presente año la caída ha sido de 7.75% explicado, según datos del INEI, por la contracción de las obras de infraestructura en un -34.64%. El único indicador positivo fue el movimiento de consumo interno de cemento que llegó a 2.06%, por la inversión ejecutada de obras pendientes de plantas mineras, edificios de oficinas empresariales, rehabilitación de algunas infraestructuras urbanas, ampliación de infraestructura hotelera y alguna edificación de viviendas, condominios, multifamiliares y otros.

Sin embargo, el tema preocupa. Más aún cuando ha sido un sector que llegó a crecer alrededor de 17.5% en el año 2007. Que vio un “boom inmobiliario”, producto de una demanda efectiva en el mercado de vivienda, cuyo déficit, a pesar de los esfuerzos no baja, por el contrario, ya llega a los dos millones de unidades.

A pesar de las cifras, los inversionistas por su lado tratan de calzar su actual oferta con la demanda real. Ahora tienen una expectativa ligeramente positiva. Esperan que este 2015 la situación cambie, coloquen esa oferta no vendida y produzcan algo más para un mercado que se ha retraído producto de la desaceleración económica peruana.

Tratan de lidiar con las restricciones de una banca cada vez más severa en la calificación de créditos hipotecarios y tratan de convencer a quien visiona la ciudad, llámese municipios y autoridades, que es necesario cambiar los escenarios, zonificaciones y reglamentos, para poder densificar verticalmente generando además espacios públicos para crear una ciudad eficiente.

No es para menos, el año pasado la venta de viviendas cayó 30%. El sector se había acostumbrado a vender alrededor de US$ 8,000 millones anuales, pero el 2014 apenas llegó a los US$ 3,500 millones en venta inmobiliaria. Es necesario, entonces, conocer los planes de desarrollo urbano de las ciudades y el gran plan territorial peruano. El último derrotero conocido por estos lares, fue el Plan Metropolitano de Lima y Callao 1990-2010, que marcaba dónde construir y cómo, en una realidad diferente, en un contexto diferente. Hoy somos otra cosa, con otras necesidades, con otros deseos y con otras demandas.

Recordemos que el desorden en el crecimiento urbano, la escasez de terrenos y la necesidad de la vivienda ha hecho que el metro cuadrado se dispare en los últimos años. En lo que se llama Lima Top (Miraflores, San Isidro, Santiago de Surco, La Molina y San borja) el precio promedio del metro cuadrado en el año 2007 era de US$ 670, al año pasado ese precio creció a US$ 2,270. En Lima Norte (Los Olivos, Carabayllo, Comas, Puente Piedra, Independencia y otros) fue el que menos se movió. En 2007, el precio promedio del metro cuadrado llegaba a US$ 301, mientras que al año pasado ese precio bordeo los US$ 910.

No obstante, los inversionistas han comunicado que el precio de las viviendas no se incrementará más de 2% este 2015. Lo que significa que el mercado se estabiliza, un tanto, porque la demanda ya no es tan efectiva y porque es obligatorio colocar una oferta que ya está en el mercado y se requiere vender más para que el sector siga andando.

Son necesarias más viviendas, no hay duda. Pero dónde y de qué tipo. La variable es mucha, ya que la demanda (no necesariamente efectiva) se encuentra en todos los sectores, especialmente en los niveles socioeconómicos más bajos. Según los inmobiliarios, producir una vivienda barata es posible. Se requiere parámetros que permitan una densificación vertical reglamentada, terrenos adecuadamente habilitados, políticas de respaldo económico que apoyen a las familias potencialmente demandantes, herramientas que generen más compra y sobre todo una estabilidad política, jurídica y económica que aseguren a todos los actores de este mercado continuidad en el tiempo.