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Jardines verticales: arquitectura viva y aliada del medio ambiente

por Construccion y Vivienda
26 de agosto de 2025
in Arquitectura, Ecosostenible, Espacios, Infraestructura, Inmobiliaria
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Jardines verticales: arquitectura viva y aliada del medio ambiente
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En la arquitectura contemporánea, los jardines verticales han dejado de ser una tendencia pasajera para convertirse en una estrategia integral de diseño urbano. Su presencia en fachadas, muros y espacios interiores no solo aporta un valor estético innegable, sino que también representa un compromiso con la sostenibilidad, la eficiencia energética y la mejora de la calidad de vida en las ciudades. Estos muros verdes actúan como filtros naturales, aportan frescura y reducen los niveles de contaminación ambiental y sonora, convirtiéndose en aliados estratégicos frente a los desafíos urbanos.

ESTÉTICA, CONFORT Y SOSTENIBILIDAD

Un jardín vertical transforma la imagen de un edificio al dotarlo de una identidad única y diferenciada. Según Danny González Tello, especialista de la empresa Vertical Garden Ecuador, “un jardín vertical cambia la imagen de fachada de un edificio, es un cuadro vivo que le da una identidad única porque lo vuelve diferente a todos los edificios del entorno”. Así, la arquitectura, más allá de estructuras rígidas, encuentra en el verde vertical un recurso expresivo que integra naturaleza y diseño, logrando un impacto visual memorable y un reconocimiento inmediato del proyecto.

Más allá de su belleza, los jardines verticales cumplen una función crucial en el aislamiento térmico y acústico. Investigaciones internacionales han demostrado que los muros verdes pueden reducir la temperatura ambiente en verano hasta en 5 °C, disminuyendo la dependencia de sistemas de aire acondicionado y, con ello, el consumo energético. Durante el proceso de fotosíntesis, además, las plantas liberan humedad y regulan de manera natural la humedad relativa de los espacios interiores, creando ambientes más saludables sin necesidad de equipos adicionales. También actúan como una barrera acústica capaz de absorber ondas sonoras, contribuyendo a mitigar la contaminación acústica que afecta a millones de personas en las grandes ciudades.

Año 2019. Jardín vertical en Ceibos Point, vía a la costa, Guayaquil, Ecuador. Altura máxima 9m y 200m de extensión.

La experiencia práctica confirma estos beneficios. González Tello recuerda un ensayo en oficinas donde se instaló un muro verde interior. “Con un jardín hidropónico de dos metros de área interior se mejoró la oficina, es otro ambiente más fresco y relajante, el aumento del oxígeno es notable, la temperatura se percibe más fría por la transpiración vegetal”. Esta evidencia refuerza el impacto tangible que estos sistemas tienen en el confort y la productividad de los usuarios.

DESAFÍOS TÉCNICOS E INNOVACIÓN HACIA CIUDADES VERDES

La instalación de un jardín vertical exige una planificación rigurosa. Factores como la orientación, la exposición solar, la resistencia de la pared, el drenaje y la selección de especies deben evaluarse con precisión para garantizar su éxito. El peso promedio de un muro verde -32 kilos por metro cuadrado- obliga a estructuras sólidas, y los sistemas de instalación pueden ir desde contenedores de bolsillos con tierra, cajones de malla o sistemas de fieltro, hasta opciones hidropónicas que eliminan el uso de tierra.

El riego constituye un aspecto determinante en los jardines verticales. Entre las alternativas disponibles, los sistemas de goteo en cortina destacan por su eficiencia, ya que permiten alcanzar hasta un 75% de ahorro de agua cuando se implementan bajo las especificaciones adecuadas. Gracias a esta tecnología, es posible lograr una cobertura amplia y uniforme con un consumo mínimo del recurso hídrico.

En interiores, esta estrategia reduce también el consumo energético, ya que la presencia de jardines mantiene baja la temperatura y disminuye la necesidad de aire acondicionado. El agua potable suele ser la más indicada porque no contiene materiales que obstruyan los goteros, aunque también es posible reutilizar aguas tratadas mezcladas con agua destilada proveniente de aires acondicionados. Para garantizar la salud de las plantas, se recomienda un mínimo de 200 ml de agua por ejemplar, aplicado en un sustrato equilibrado de aproximadamente 700 gramos de tierra mixta.

En lo que respecta a sistemas constructivos, los jardines verticales naturales pueden instalarse con morrales, cajones de malla, fieltros ranurados o macetas apilables. También existen versiones hidropónicas que eliminan el uso de tierra y retienen agua con nutrientes en las raíces. Según González Tello, “el sistema de morrales es superior en su conjunto porque es menos riesgoso ante una falla de riego, mientras que la hidroponía es lo mejor para interiores por su impresionante ahorro de agua y bajo mantenimiento”.

La innovación tecnológica también ha sido decisiva en su desarrollo. Hoy se trabaja con estructuras metálicas livianas ancladas mediante múltiples puntos de atado, cinturones de seguridad, placas flexibles y morrales de poliéster. Estos componentes son producto de estudios y análisis de cargas por metro cuadrado, garantizando resistencia y seguridad a largo plazo.

Año 2021. Edificio Cien Olivos Parc. 135 m de extensión. Más de 4,000 plantas nativas. Es considerado el jardín vertical más alto de Guayaquil.

El mantenimiento es indispensable para preservar la salud y la estética de un jardín vertical. Las podas y abonados cada 20 o 30 días en exteriores -o cada 60 días en interiores- permiten mantenerlos en condiciones óptimas. La vida útil de las especies varía según su ciclo de maduración, pero en promedio es necesario resembrar ejemplares una vez al año o cada 18 meses. Con esta gestión periódica, los muros verdes se mantienen productivos y atractivos durante años, sin interrupciones prolongadas.

El especialista Danny González Tello, con la experiencia acumulada en más de sesenta jardines verticales residenciales y varios proyectos corporativos de gran escala, sostiene que estas soluciones deben incorporarse de manera más sistemática en la planificación urbana. Su participación en los tres jardines verticales más grandes de Guayaquil -todos con superficies superiores a los 120 metros cuadrados- refuerza esta propuesta, al demostrar que los muros verdes funcionan tanto en espacios privados como en grandes complejos urbanos. A partir de estos resultados, plantea que, desde edificios residenciales hasta escuelas y hospitales, los jardines verticales podrían convertirse en un estándar asociado al bienestar ambiental, ayudando a transformar las ciudades en entornos más frescos, saludables y resilientes.

Aunque muchos de estos proyectos aún no han sido reconocidos oficialmente con certificaciones ambientales, sus resultados son medibles y concretos. La reducción de CO₂, la regulación térmica, el ahorro de agua y la mejora del confort interior son beneficios constatados en la práctica, que refuerzan la necesidad de impulsar con mayor decisión la incorporación de infraestructura verde en los entornos urbanos.

EJEMPLOS DESTACADOS EN GUAYAQUIL

Alrededor del mundo existen jardines verticales que se han convertido en referentes internacionales de sostenibilidad urbana. Para Danny González Tello, en Ecuador destacan especialmente los proyectos desarrollados en Guayaquil, que muestran cómo estas iniciativas pueden adaptarse con éxito a contextos locales y aportar beneficios tangibles en el clima y la calidad de vida urbana.

Entre los proyectos emblemáticos de la ciudad sobresale el jardín vertical de Ceibos Point, construido en 2019 en la vía a la costa. Con 200 metros de extensión y una altura máxima de 9 metros, su diseño genera la impresión de un gran muro verde único, aunque en realidad está formado por dos franjas separadas. Este caso ilustra tanto el potencial de absorción de CO₂ como los desafíos en el consumo de agua, que alcanza los 300 galones diarios (1,135 litros) debido a que el riego no se aprovecha de manera tan eficiente en superficies horizontales.

En 2021 se inauguró el Cien Olivos Parc, considerado el jardín vertical natural más alto de Guayaquil. Con 135 metros de longitud y 15 metros de altura, integra cerca de 4,800 plantas nativas en armonía. Su consumo hídrico de 90 galones diarios (aproximadamente 340 litros) muestra un equilibrio interesante entre dimensiones y eficiencia, reforzando el rol de la biodiversidad como parte del paisaje urbano.

Año 2025. Marbol Green Plaza.

Más recientemente, en 2025, Marbol Green Plaza incorporó cinco jardines verticales que en conjunto suman 315 metros cuadrados de superficie verde. Tres de ellos superan los 11 metros de altura, mientras que los otros dos se ubican en interiores. Gracias a un sistema de riego automatizado por goteo, su consumo diario es de apenas 165 galones -unos 625 litros-, lo que lo convierte en un referente de eficiencia hídrica en la ciudad.

La vegetación utilizada en estos proyectos combina especies resistentes y adaptadas al entorno local, como schefferas, peperomias, singonios, monedas, roeo morado, philodendros, tradescantia, durantas y muehlenbeckia. Todas aportan diversidad cromática y texturas, al mismo tiempo que garantizan sostenibilidad y bajo mantenimiento. Estos ejemplos reflejan cómo la arquitectura verde puede variar en escala y diseño, pero siempre contribuye a mejorar la calidad ambiental y urbana.

Los jardines verticales ya no son solo un recurso estético, sino una infraestructura verde capaz de responder a los desafíos ambientales y sociales de la vida urbana. La experiencia acumulada en proyectos residenciales, corporativos y de gran escala demuestra que estas soluciones son viables y sostenibles, y que su impacto positivo es inmediato y medible. De cara al futuro, integrar muros verdes en la planificación de las ciudades no debería entenderse como un lujo, sino como una necesidad para construir urbes más equilibradas, resilientes y habitables.

Tags: Jardines verticalesMedioambienteVertical Garden Ecuador

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