Casa de Azpitia: Relación material con el paisaje

El estudio Rafael Freyre ha desarrollado una casa en Azpitia, que emplea materiales locales como el ladrillo artesanal y la piedra, en busca de mantener la identidad paisajística de esa zona del país. La obra logra integrar elementos naturales de tres zonas geográficas del Perú.

Azpitia, en el valle de Mala, provincia de Cañete, departamento de Lima, es un lugar conocido por los viñedos y por la elaboración del pisco, bebida tradicional peruana. El paisaje local se caracteriza por la aridez del desierto que contrasta con las áreas verdes que deja el curso del río Mala.

El terreno esta situado al margen derecho del río, con una extensión de aproximadamente nueve hectáreas. La orientación del lote es sur-este. La casa consta de dos niveles y un área techada de 241 m2. El volumen fue orientado hacia el sur y se ubica en una pendiente, sobre una construcción preexistente de andenes de piedra. Desde allí se cuenta con la vista total del valle y el curso del río Mala.

El volumen construido con ladrillos artesanales fue orientado hacia el sur y se ubica en una pendiente, sobre una construcción preexistente de andenes de piedra que se afianzó y se construyó una escalera lateral. La terraza de tres frentes es cubierta por un techo de madera que filtra la entrada de luz. 

 

INTEGRACIÓN

La primera intención fue integrar la casa con el paisaje seco de Azpitia, desarrollando una geometría, una paleta de texturas y colores de acuerdo con este entorno particular. Adicionalmente, el proyecto tenía la intención de integrarse a una construcción preexistente. El nuevo volumen debía ser una nueva capa en el paisaje, apoyada sobre unos antiguos andenes de piedra.

“Mi punto de partida era crear una relación directa con el paisaje desde el punto de vista estético pero también una relación material con el paisaje, es decir que cuente con materiales relacionados a él. Quería brindar en la casa, la experiencia de reconectarte con el exterior”, menciona el arquitecto Rafael Freyre.

La base está compuesta por plataformas de piedra cubiertas por plantas xerófilas. La piedra, oculta el programa interno de una sauna seca y húmeda. “Cuando llegamos existía un sistema de andenería de piedra que afianzamos a lo largo de la casa y creamos una escalera lateral para el ingreso a la vivienda”, agrega.

El volumen fue construido a base de ladrillos artesanales, proporcionados por quienes lo fabrican en la playa Chilca, a 20 km de Azpitia. Se empleó este material por sus propiedades térmicas y plásticas, ligadas a este paisaje particular. “Los artesanos me comentaron que la tierra que utilizan llega desde la cima de las montañas a través de huaicos”, resalta.

Cercano a este volumen y sobre la capa de piedra, se encuentra la terraza de tres frentes: una extensión del área social cubierta por un techo de madera. Este techo es una especie de tejido que filtra la entrada de luz, compuesta por un patrón de madera desarrollado a partir de la trayectoria solar, evitando la radiación directa.

El techo, como una arquitectura elemental, crea una transición del interior -espacio de sombras, semi-sombra y espacios abiertos- al exterior. Proyecta así vida interior de la casa hacia el paisaje.

“La madera fue una elección más compleja y se decidió utilizar una amazónica como el huayruro por un tema de adaptación. Al añadir un elemento con este origen, se origina una interacción de la costa sierra y selva: piedra de las montañas, tierra del desierto y madera de la Amazonía”, destaca.

 

DISTRIBUCIÓN

El primer nivel de la casa es un gran espacio abierto rodeado de jardines y vistas que fusionan todas las actividades sociales: sala, comedor, estar y cocina. “La sala, el comedor y la cocina son áreas con funciones claras. Lo que a mí me interesaba era este vacío entre los elementos, un espacio indefinido que va a relacionar todas las actividades”, apunta el arquitecto Freyre.

La sala y el comedor son de doble altura con ventanas en la parte superior que permiten el ingreso de luz solar. A fin de mantener un equilibrio estético, los muros interiores han sido tarrajeados y pintados de color blanco, salvo un gran volumen que hace posible resaltar la textura del ladrillo artesanal. Soportando al techo de la casa, se aprecian unas vigas de madera reciclada. Una escalera lateral conduce a un mezanine en el segundo nivel. Este piso contiene las áreas más privadas: zona de habitaciones y estar. Espacios más cerrados, íntimos, pero con ventanas, terrazas y pequeños patios que crean vistas particulares del valle.

“Toda la materialidad de la casa crea una identidad. Esta identidad está ligada al paisaje y por una cuestión ecológica, no se ha empleado elementos foráneos que puedan agredir a este paisaje tal como lo ha hecho siempre la arquitectura precolombina”, señala el arquitecto.

Asimismo, Rafael Freyre se cuestiona cómo nos estamos relacionando con nuestro espacio natural. “Es una pregunta que te habla de los problemas de la minería, la capital y la selva. Son espacios naturales que también son culturales. Paisaje-cultura es un todo y cuando se plantea la intervención en un lugar, debe considerarse la cultura de esta zona”, puntualiza.

 

FICHA TÉCNICA

Arquitectura: Estudio Rafael Freyre. Ubicación: Fundo San Andrés, Cañete, Lima, Perú. Equipo de Diseño: Luis Bacon, Luis Alberto Mucha, Leonardo Valderrama, Sandro Ocaña, Luis Ocaña. Área: 239.0 m2. Asistencia General: Juan José Barboza. Asistencia Paisajismo: Manuel Mendieta. Fotografías: Edi Hirose.

Más en revista Proyecta Ed. 36.