Recuperando tecnologías ancestrales para abastecer de agua a la ciudad

La variabilidad climática y el constante aumento de la población ponen en serio riesgo el abastecimiento de recursos hídricos en muchas partes del mundo. En los andes peruanos, las culturas preincaicas desarrollaron importantes tecnologías de recolección, las cuales podrían ponerse en práctica en la actualidad para aumentar la disponibilidad de agua durante la temporada seca hasta en un 33%.

En los andes tropicales, las culturas preincaicas desarrollaron tecnologías de recolección de agua basadas en la naturaleza para manejar los riesgos de sequía durante las temporadas de climas extremos. Recientemente, estos sistemas han llamado la atención pues podrían convertirse en una estrategia potencial para aumentar las reservas de agua en la ciudad de Lima.

Un estudio publicado por la revista norteamericana Nature Sustainability recoge evidencia científica sobre las posibles contribuciones hidrológicas del sistema preinca a escala de captación. El sistema de mejora de infiltración indígena data de hace más de 1,400 años y consiste en el desvío de agua de lluvia hacia las laderas de las montañas para mejorar el rendimiento y la longevidad de los manantiales naturales.

Las investigaciones estuvieron a cargo del Imperial College London, con la intervención de otras entidades como iMHEA (Iniciativa Regional de Monitoreo Hidrológico de Ecosistemas Andinos), CONDESAN, SUNASS, FONAG, Forest Trends, PUCP, University of Birmingham, Universiti Putra Malasya y University of Leeds.

UN RECURSO ESCASO

La región costera del Perú, incluida la ciudad de Lima, es abastecida con agua obtenida de las superficies de los andes, lo que permite actividades productivas como la agricultura. Las lluvias estacionarias ayudan a la provisión de recursos hídricos, pero durante la temporada seca el panorama es más complicado.

Según el autor senior, Dr. Wouter Buytaert, del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de Imperial College London, las antiguas culturas sabían cómo gestionar la falta de agua en épocas de escasez, por lo que resulta necesario aprender de ellos y poner en práctica sus métodos.

“La gente de Lima vive en una de las situaciones más inestables del mundo en relación al agua. Hay demasiada agua en la estación húmeda y muy poca en la época seca. Los pueblos indígenas del Perú sabían cómo manejar esto, por lo que estamos buscando respuestas en estas técnicas ancestrales”, sostiene.

Gráfico 1, Gráfico 2 Representación conceptual sobre el funcionamiento del sistema preinca de infiltración. El agua se desvía durante la estación húmeda utilizando canales que transportan el agua a zonas de alta permeabilidad. El agua penetra en el suelo y emerge en manantiales aguas abajo después de algunos meses.

 

AMUNAS

Las culturas ancestrales del Perú empleaban un sistema de almacenamiento de agua que consistía en retenerla en el subsuelo, es decir, al interior de los acuíferos, que son capaces de almacenar, transmitir y descargar el recurso hídrico en forma de manantiales, ojos de agua, humedales, entre otros. A través de estos flujos era posible suministrar agua durante todo el año.

Los métodos de recarga superficial aplicados en la sierra de Huarochirí se denominan “amunas”. Estos sistemas estaban localizados fuera de los cauces de los ríos y funcionaban a través de canales asociados a campos de extensión. El objetivo era captar agua de los ríos y llevarla fuera del cauce, extendiéndolos en una superficie plegable.



El uso del sistema de amunas era muy extendido en la sierra de Lima y quienes lo empleaban obtenían muy buenos resultados. De hecho, en la actualidad es puesto en práctica por los habitantes de Tupicocha, en Huarochirí.

La también denominada “siembra del agua” era una actividad muy bien estructurada que incluía asambleas, limpieza de acequias y rituales de pago a la tierra y al agua.

Los preincas limeños procuraban tener zanjas abiertas siguiendo las curvas de nivel de las punas, a través de las cuales el agua de lluvia era transportada hacia un lugar llamado cochas. El líquido era infiltrado en la montaña y luego de algunos meses, en época seca, surgía aguas abajo en forma de manantiales conocidos como puquios.

REPLICANDO UN SISTEMA ANCESTRAL

La publicación de Nature Sustainability da cuenta de una serie de experimentos realizados para cuantificar el nivel de almacenamiento del sistema de amunas, así como actividades de monitoreo hidrológico para determinar sus capacidades de retardo para proveer agua en los periodos de mayor sequedad.

El equipo de científicos simuló la ampliación del sistema de la fuente de agua principal de Lima para evaluar si es que puede complementar la infraestructura instalada actualmente, aumentando así le seguridad hídrica en la ciudad.

“Nuestros hallazgos son esenciales para diseñar soluciones basadas en la naturaleza, que aumenten la confiabilidad del suministro de agua en ambientes áridos y altamente estacionales, y mejoren la seguridad del agua y la adaptación al cambio climático en las regiones de montaña”, consideran los investigadores.

Parte de la investigación consistió en analizar los sistemas empleados en Huamantanga, donde utilizaron trazadores colorantes para estudiar los sistemas durante los periodos de estaciones húmedas a secas del 2014 al 2015 y del 2015 al 2016. Se contó con la participación de pobladores locales para poder cartografiar el paisaje.

RESULTADOS

Al término del estudio, los científicos señalan que se pudo encontrar “una clara conectividad hidrológica entre los canales de infiltración y los manantiales en pendiente descendente”. Según indican, el agua tardó entre dos semanas y ocho meses en resurgir, con un tiempo promedio de 45 días.

Estos hallazgos evidencian que, de existir una inversión gubernamental para potenciar y replicar estos sistemas de acuerdo a la demanda hídrica de la población limeña, sería posible desviar y retrasar el 35% del agua de la estación húmeda, que equivale a más de 99 millones de m3 de suministro adicional cada año.

El sistema de mejora de infiltración indígena data de hace más de 1,400 años y consiste en el desvío de agua de lluvia hacia las laderas de las montañas para mejorar el rendimiento y la longevidad de los manantiales naturales.

 

Según cálculos que acompañan el estudio, sería posible aumentar la disponibilidad del agua hasta en un 33% en los primeros meses del año (estación seca), y en promedio 7.5% durante los meses restantes.

En cuestiones prácticas, el método propuesto busca ampliar la temporada de lluvias, proporcionando una mayor cantidad de agua potable y periodos más largos de cultivo para los agricultores locales.

“Al igual que en muchas ciudades tropicales, la población de Lima está creciendo rápidamente, demasiado rápido para que las reservas de agua puedan mantenerse durante las estaciones secas. Escalar los sistemas preincaicos existentes podría ayudar a aliviar los meses secos en Perú”, agregó el Dr. Buytaert.

UNA SOLUCIÓN A FUTURO

Existe incertidumbre acerca del futuro climático en la costa peruana, debido a su constante variabilidad y al innegable impacto que genera la mano del hombre. El diseño y construcción de grandes sistemas no garantiza que perdure en el tiempo, por lo que las opciones apuntan a la combinación de represas más pequeñas con los sistemas preincas, que puedan adaptarse a un clima impredecible.

“Debido a que no podemos confiar plenamente en un método, debemos ser abiertos y creativos, pero nuestro estudio muestra que tenemos mucho que aprender de la forma en que la población indígena del Perú gestionó su paisaje de manera inteligente hace 1,400 años”, asegura Buytaert.

Cabe señalar que el estudio publicado en Nature Sustainability ha considerado solo un sistema, por lo que intervenciones similares podrían tener resultados diferentes en todas las áreas costeras del país. Pese a ello, los autores sostienen que se trata de un firme argumento para implementar soluciones basadas en la naturaleza para mejorar la seguridad del agua.

Para el Dr. Ochoa-Tocachi, parte del equipo de investigación, el sistema de amunas es un ejemplo fascinante del ingenio demostrado por las comunidades locales, y demuestra que el conocimiento indígena y la ciencia rural tienen un enorme potencial como complemento de la ciencia moderna.

Publicado en revista Agua y Saneamiento Ed. 11