Amarena Mercatino: Un espacio íntimo para compartir

El estudio Siete Treinta Arquitectos realizó una intervención en el local de Amarena Mercatino, una pequeña tienda de exhibición y venta de alimentos hechos artesanalmente, convirtiéndolo en un espacio optimizado para exhibir los productos, con una iluminación especial y un ambiente personalizado, que resulta muy llamativo para los visitantes.

El estudio Siete Treinta, conformado por los arquitectos Francesco Raggio y Cristina Guerra, indica haber encontrado una tienda de alimentos “sin alma”, y ésta fue transformada en un espacio íntimo para compartir. Su intervención se dividió en diferentes aspectos como diseño y función, climatización, iluminación y espacio personalizado.

Amarena es una pequeña empresa dedicada a la elaboración de manjares culinarios influenciados por tradiciones ítalo-peruanas; que han sido rescatadas y perfeccionadas por ensayo mediante los conocimientos adquiridos por la chef ejecutiva Caterina Raggio en sus estudios y trabajos realizados en Perú e Italia.

 

La tienda Amarena Mercatino surge a comienzos de este año, a raíz de la oportunidad de adquirir el traspaso de un local comercial dedicado al rubro de alimentos, y la inquietud por ampliar el alcance de la empresa con una presencia física, que permita la exhibición y venta de los productos artesanales de la marca, y al mismo tiempo, crear un espacio para que otros fabricantes artesanales nacionales e internacionales puedan dar a conocer sus productos.

En el aspecto de diseño y función, la intervención buscó desde un primer momento optimizar el espacio, sugiriendo una adecuada distribución de los elementos, a fin de lograr que la exhibición de los productos en venta sea adecuada, alcanzando de lograr un equilibrio entre el orden por categorías y una relación amable entre el cliente y el producto.

Asimismo, fue necesaria la instalación de un sistema de climatización que evite el deterioro de las instalaciones. Se implementó esta alternativa pues en el local se expenden productos que requieren temperaturas especiales para una conservación óptima, como en el caso de los vinos y embutidos.

Otro aspecto a considerar, y que resultó fundamental para el proyecto, fue la parte de la iluminación. Un factor importante en el diseño de espacios comerciales es el empleo correcto del color de luz, que permita destacar la frescura de cada tipo de producto sin perder la calidez del entorno. Así, se logró establecer un ambiente acogedor, empleando para ello equipos con un bajo nivel de consumo energético.

La decoración se abordó teniendo como base la idea de utilizar “elementos con memoria”, es decir, objetos que evoquen recuerdos, como las latas de colores que se guardaban en las dispensas y que contenían biscotti de variados sabores, o los frascos de vidrio que se encontraban en las antiguas bodegas, llenos de galletas surtidas y “besos de moza”. Al tener esta referencia tan nutrida, se decidió alimentarla aún más. La implementación del espacio combina elementos de latón, pino rústico, soguilla, caña tejida, vidrio crudo, fierro forjado, arcilla, fierro enlosado, entre otros, con el objetivo de dar personalidad y contribuir al concepto que se crea con el nacimiento de este pequeño mercado de Amarena Mercatino.

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