Estamos a pocos días de llevar a cabo la elección del nuevo mandatario del país. En ese lapso, además de propuestas, hemos escuchado todo tipo de puyazos, que apuntan a ganar los votos de los indecisos y cambiar otros. En fin, ya casi todo está dicho y lo que queda es acatar de manera democrática al nuevo presidente o presidenta del Perú que salga electo este 5 de junio.

Lo que si debemos exigir, una vez conocido al mandatario, es que se cumpla con lo ofrecido. De su palabra empeñada dependerá que podamos revertir la desacelerada situación económica, lo que indudablemente incidirá en el bienestar de todos los peruanos. En nuestro campo, especialmente, la apuesta por nueva inversión será mayor, lo que significará la contratación de más mano de obra y movilización de otros sectores que se involucran indirectamente y que también se favorecen.

Aún somos un país pobre. Sin agua en zonas lejanas, sin energía eléctrica, sin infraestructura que comunique las comunidades y pueblos. Morir de frío es algo inconcebible en países desarrollados, morir por falta de atención médica igual. Y es peor, sabiendo que estrategias para salvaguardar situaciones extremas existen. ¿Dónde están los planes de corto, mediano y largo plazo que integren las zonas rurales con los programas sociales del Estado?

Se dice que se ha avanzado, pero falta. Como dicen muchos, como dicen todos, el Perú no es Lima, ni las grandes ciudades de provincia. Hay más allá de los límites citadinos, hay gente que tiene necesidades básicas que aún no se satisfacen. Y, que no pasa solamente por más infraestructura, sino también por la salud, educación, trabajo de la gente, entre otros.

En la concordancia de los planes y los acuerdos con los gobiernos regionales y locales se verán las políticas que asentarán las actividades de los próximos años. Parece una retórica de siempre, pero lo tenemos que decir, porque es lo que esperamos. Esperamos una verdadera inclusión, que reduzca la pobreza y nos conduzca hacia un desarrollo económico en las diversas áreas que componen el país.

El agro, la industria, el turismo, la minería, la salud, la educación, la construcción y más son sectores que merecen atención bajo programas o políticas que trasciendan gobiernos, que además deben estar enmarcados en un contexto económico, jurídico, político y social, totalmente estable. Es aquí, donde el tema de seguridad toma importancia, ya que un país violento lo único que hace es alejar las inversiones y por ende atraer más pobreza

Los profesionales en general debemos estar a la altura de los nuevos retos. Ya algunos especialistas han dicho que las expectativas de crecimiento recién se verán a partir del segundo semestre de 2016, cuando se conozcan los primeros pasos del nuevo mandatario, que por lo escuchado a ambos contendores apuntan a impulsar inmediatamente la economía.

En lo mencionado indican que la infraestructura será preponderante para potenciar el crecimiento. Nuevas obras se vienen en camino, ya conocemos que hay una cartera en cola, lista para licitarse. Pero también están los pequeños trabajos en las zonas rurales, en la provincia. Para ello, ambos coinciden, en la capacidad técnica para poder potenciar los proyectos por allá. Punto importantísimo para generar trabajo y obras de calidad.

Estamos a punto de un nuevo cambio. Hay que mejorar la institucionalidad y la competitividad del país para que seamos mejores y afuera nos miren con otros ojos. Solo nos queda seguir trabajando.