El parque automotor en Lima supera el millón y medio de vehículos, mientras que a nivel nacional esa cifra sobrepasa los cuatro millones ochocientos mil unidades. Bajo ese contexto, la “mejor solución” para algunas autoridades ha sido construir más infraestructura para los carros, lo que al final, según los especialistas, atrae más motores hacia las ciudades.

Esto, además de acarrear congestión vehicular, genera contaminación ambiental y, de todas maneras, males en la salud física y también mental (estrés por ejemplo) en quien se transporta durante horas para llegar a su destino. Peor aún se incrementa el déficit en áreas que involucran al transporte, como es la falta de espacios para estacionar. En Lima, según la ONG Luz Ámbar, ya hay una escasez de 45 mil espacios para aparcar.

Hace mucho tiempo se viene pidiendo un Plan de Reordenamiento del Transporte y, en algún momento, se habló de un Plan Maestro de Transporte Urbano con una visión al 2025, pero sin mayores ecos. A pesar de eso y del caótico tráfico vehicular, en la ciudad se sigue implementando más vías, que seguramente resolverían en el algo el caos si estuviera enmarcado dentro de un plan vial que incluyera otros sistemas de transporte, pero ya bien reglamentados.

Se conoce sobre las líneas del Metro, que para su funcionamiento y conexión total con todo Lima, faltan muchos años. Se conoce sobre el Corredor Azul, que tiene varias rutas con varios kilómetros de recorrido. Unos buses transitan a lo largo de las avenidas Arequipa, Wilson, Tacna; otros todo La Marina-Javier Prado. También tenemos El Metropolitano que viene desde el norte de Lima hacia el centro llegando hasta Chorrillos al sur. Pero falta más y sobre todo que funcionen óptimamente. Las noticias nos dicen que las rutas se vienen paralizando porque los concesionarios no terminan de cumplir con las condiciones.

Eso es parte del hacia dónde nos movilizamos. Hay que poner más transporte público dicen, más vías dicen; pero nadie habla de la redirección de las calles. En otras partes del mundo, no solo construyen más pistas, baipases, puentes; otras ciudades reordenan lo que tienen para no incentivar más el caos vehicular. Las grandes avenidas cambian de sentido, se reglamenta el horario de la circulación de vehículos de carga pesada, hay semáforos inteligentes, hay personal especializado en tránsito, que no necesariamente son policías, porque tienen bien claro que ese personal deben de salvaguardar la seguridad ciudadana y, por lo que vivimos día a día, da la casualidad que generan más caos.

En otras urbes la prioridad es el peatón, algo que parece no serlo por acá. Su tranquilidad y el espacio público para el disfrute es uno de los grandes pilares del crecimiento ordenado de la ciudad. La nueva estrategia apunta a usar los sistemas de transporte público altamente eficiente, con paraderos claramente señalizados, con tiempos comprobados.

Todo eso se complementa con infraestructura para vehículos menores como las ciclovías. En otras ciudades la bicicleta ya es un medio de transporte. Acá los esfuerzos por tender vías para su uso es muy limitado. Lo que hay interconecta solo unos cuantos kilómetros o no interconecta con nada, como lo visto abajo en la Costa Verde.

Seguimos creciendo demográficamente y las mejoras económicas de muchas familias, sumadas a las facilidades para acceder a créditos, hacen que la compra de vehículos para uso privado se siga incentivando. Esto es algo que las autoridades deben considerar en su visión de futuro, lo que debe servir para realizar un verdadero plan de transporte urbano.